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viernes, 30 de marzo de 2012

Las manos negativas





Ante el océano
bajo el acantilado
en el muro de granito

esas manos

abiertas

Azules
Y negras

Del azul del agua
Del negro de la noche

El hombre ha venido solo a la gruta
de cara al océano
Todas las manos poseen la misma dimensión
estaba solo

El hombre solo en la gruta ha mirado
en el ruido
en el ruido del mar
la inmensidad de las cosas

Y ha gritado

A ti, elegida, dotada de identidad, te amo

Esas manos
del azul del agua
del negro del cielo

Anodinas

Desmembradas sobre el granito gris

Para que se vean

Soy quien llama
Soy aquel que llamaba, que gritaba hace treinta mil años

Te amo

Grito que quiero amarte, te amo

Amaría a quien me escuchase gritar

En la tierra vacía permanecerán esas manos, en la pared de granito
frente al estruendo del océano

Insoportable

Ya nadie escuchará

Ni verá

Treinta mil años
Esas manos, negras

El reflejo de la luz sobre el mar hace temblar
la pared de piedra

Soy alguien soy aquel que llamaba que gritaba en aquella luz blanca

El deseo
la palabra no ha sido aún inventada

Miró la inmensidad de las cosas en el estruendo de las olas,
la inmensidad de su fuerza

y después gritó

Bajo sus pies los bosques de Europa,
sin fin

Se yergue él en el centro de piedra
de corredores
rutas de piedra
de todas partes

A tí, elegida, dotada de identidad,
te amo en un amor indefinido.

Había que descender el acantilado
vencer el miedo
El viento sopla desde el continente empuja
el océano
Las olas luchan contra el viento
Avanzan
contenidas por su fuerza
y pacientemente llegan
a la pared

Todo se destruye

Te amo más allá de tí
Amaría a quien escuchase que grito que te amo

Treinta mil años

Llamo

Llamo a quien me escuche

Deseo amarte te amo

Hace treinta mil años que grito ante al espectro blanco del mar

Soy aquel que gritaba que te amaba, a ti

miércoles, 28 de marzo de 2012

El hombre sentado en el corredor





Veo que llega el violeta, que alcanza la desembocadura del río, que el cielo se ha encapotado, que se ha detenido en su lento curso hacia la inmensidad. Veo que otras gentes observan, otras mujeres, que otras mujeres muertas han visto asimismo hacerse y deshacerse los monzones de verano ante los ríos bordeados de arrozales sombríos, frente a las desembocaduras vastas y profundas. Veo que del violeta surge una tormenta de verano.
Veo que el hombre llora sobre la mujer. De ella solo veo inmovilidad. La ignoro, no sé nada, no sé si duerme.

martes, 27 de marzo de 2012

Hiroshima mon amour





/
El: No has visto nada en Hiroshima. Nada.
Ella: Lo he visto todo. Todo… También el hospital. Lo he visto. El hospital existe en Hiroshima. ¿Cómo podría no haberlo visto?
El: No has visto el hospital en Hiroshima. No has visto nada en Hiroshima.
Ella: Nada invento.
El: Lo has inventado todo.
Ella: Nada. Así como esa ilusión existe en el amor, esa ilusión de no poder olvidar jamás, así he tenido la ilusión ante Hiroshima de que jamás olvidaré. Como en el amor.


/
El: ¿Gritas?
Ella: Al principio, no, no grito. Te llamo dulcemente.
El: Pero estoy muerto.
Ella: Te llamo pese a todo. Aun muerto. Luego un día, de repente, grito, grito muy fuerte como una sorda. Es entonces cuando me introduzco en la cueva. Para castigarme.
El: ¿Qué gritas?
Ella: Tu nombre alemán. Solamente tu nombre. No tengo más que una memoria, la de tu nombre.


/
El: Puede que sea posible, que te quedes.
Ella: Bien lo sabes. Más imposible aún que separarse.
El: Ocho días.
Ella: No.
El: Tres días.
Ella: ¿Tiempo para qué? ¿Para vivir? ¿Para morir?
El: Tiempo de saberlo.

lunes, 26 de marzo de 2012

La mar escrita



Foto de Helene Bamberger


/
Es la mar.
A toda prisa.
Ha quebrado el bosque de mármol.
Así y todo perdura.
Cristo, perdura.
Y nada, se guarda así, se equivoca la mar.
Camina con los tiempos, como si fuese posible.


/
Primera visita a las tumbas.
Vemos, leemos los nombres, la edad del difunto, sombras de cruces en el agua del río. Luego hablamos de la muerte. Y callamos. ¿Qué otra cosa harían, ustedes?
Quiénes son, ustedes, sin ese anonimato, esa patria reciente, moderna, la de otros muertos, la de esa infancia muerta en combate con su cuerpo.
Y luego hablamos de nuevo de la muerte. No podemos dejar de leer los nombres en el bosque de los niños muertos de la guerra.
¿Quiénes son ustedes, quiénes serán en adelante, sin esos niños? ¿Es no comprender nada? Si, es eso. No comprendemos. Nada. Entonces, todo se parece y se sufre. Como un camino interminable, perfecto, vano.


/
Me pregunto aún cómo ocurrió.
Hablo de la vida detenida, aquella que sobrepasa la muerte por el resto de los tiempos.


/
Leer: la sombra.
Es la sombra del balcón de nuestro apartamento en Roches Noires.
Nada nos recuerda. Ahí. Es todo. Donde somos cuando el calor es intenso. Nada: hierro, ausencia, vacío.
La guerra se hizo lejana como la edad de los niños, como la guerra, el tiempo transcurrido en guerra. No sabemos dónde ocurre. A veces ni siquiera llegamos a saber si aún hay guerras, hoy o ayer.
No sabemos nada más, casi, a fuerza de saber Todo. Todo como creemos saber. Es lo que llamamos un estado avanzado de desesperación.


/
Todo se ha vuelto AZUL. Es azul. Un grito absolutamente azul.
Del azul venido de los orígenes de la Tierra, de un cobalto desconocido. No podemos detener ese azul, esos despojos de polvaredas azules de cementerios de niños. Sufrimos. Lloramos. Todos lloran.
Pero el azul permanece. Arraigado.
El azul de los niños como el de un cielo.


/
Es un pequeñísimo puente abierto sobre las marismas del Sena como sobre la esperanza de los niños que pasaban por aquí. Todo debe estar quebrado alrededor.
¿Todo morirá? ¿Acabará? ¿Se detendrá? ¿Como las lágrimas, el amor, la muerte? ¿El sentimiento?
No sabemos.
¿Es un mal día? ¿Será? ¿Sólo así, un mal día? Nada sabemos con claridad. De repente tenemos cien años. Lloramos. Quisiéramos llorar, aún más, luego no es demasiado, pero nadie lo dice.
¿Los gritos de las mujeres, de los niños? ¿Continuarán, entonces? Si. Continúan. Mientras estemos vivos. Como la guerra. Se lee: que estamos vivos.
¿Será un mal día? Intentamos hallar un conocimiento desleído.


/
Esas cuerdas hechas para impedir que los barcos se unan al viento y se extravíen.
El mar siempre vigilado, confrontado.
Como si no quisiera vivir mas.
Como hay gente que no desea partir más, sólo quedarse aquí, a vivir en la inmovilidad del tiempo.


/
Había viento ese día, lo vimos. Viento fotografiado. En vez de iluminar la fotografía, la oscureció. Desamparados por el viento del mar. El viento ha debido partir solo hacia un destino aún secreto.
No lo vimos más.
De repente se hizo indiscreto, el saber sobre el viento. Todo movimiento venido de allá ha escapado. Entonces aguardamos. Nada. El viento a su antojo, como gente, como perros.
Observamos, largo tiempo, es todo, para ver diluirse todo rastro de vida. Ver surgir de golpe un cuadro italiano al alcance de la mano.
Entonces partimos. Nada queríamos robar. Nada robamos.
Debe estar aún allí.


/
De eso lo hemos olvidado todo. Al principio creímos que había sido hecho por un transeúnte, un turista, después no. No había turista, nada había. Lo dejamos todo como estaba. Como era.
En ese caso de todas maneras señalamos, sin ello nada hallaríamos, y funciona: porque la palabra escrita no se olvida jamás. Alguien ha dicho: no tiene sentido trastornarse. No hemos respondido a tanto énfasis, tanto orgullo. Terminó allí.


/
Tomé la fotografía del mar y la edité, me fui con ella en un libro.
La mar permaneció, oportuna, discreta, perfecta, INVISBLE, ETERNA.

domingo, 25 de marzo de 2012

El mal de la muerte



La maladie de la mort /Robert Wilson / Foto: Mario del Curto
@url: www.desingel.be/dadetail.orb?da_id=20161


/
Hasta esa noche usted no había comprendido cómo se podía ignorar aquello que ven los ojos, aquello que tocan las manos, aquello que toca el cuerpo. Descubre esa ignorancia.
Usted dice: no veo nada.
Ella no responde.
Ella duerme.


/
Alrededor del cuerpo, la habitación.
Sería su propia habitación. Habitada por ella, una mujer. Usted no reconoce ya la habitación. Está vacía de vida, sin usted, sin su semejante. Apenas la ocupa ese rastro dócil y largo de la forma extraña sobre la cama.


/
Vuelve usted a la habitación. Ella no se ha movido en el charco blanco de las sábanas. Usted observa a aquella que jamás había abordado, jamás, ni a través de sus semejantes ni a través de ella misma.
Observa la forma sospechosa desde hace siglos. Abandona.


/
Descubre que es allí, en ella, donde se cultiva el mal de la muerte, que es esa forma ante usted desplegada la que decreta la enfermedad de la muerte.


/
Y luego escucha ese ruido que se aproxima, escucha el mar.
Escucha el mar. Está muy cerca de los muros de la habitación. A través de las ventanas, siempre esa luz velada, esa lentitud del día que va alzándose en el cielo, siempre el mar negro, el cuerpo que duerme, la extraña a la habitación.


/
Usted le pregunta si ella cree que se le puede amar.
Ella dice que bajo ninguna circunstancia. Usted pregunta: ¿es por la muerte? Ella dice: sí, es por esa insipidez, esa inmovilidad de su sentimiento, es por ese engaño de decir que la mar es negra.

sábado, 24 de marzo de 2012

Es todo


Foto: Marco Tulio Socorro

/
A veces estoy vacía durante largo tiempo.
Existo sin identidad.
Al principio da miedo. Y después ocurre un movimiento de alegría.
Y después se detiene.
La felicidad, es decir morir un poco.
Un poco ausente del lugar donde hablo.


/
Tú, tú no puedes pronunciar más el nombre que llevo, que me fue dado por los padres.
Amantes desconocidos.
Dejémoslo, si quieres.
Aún por algunos días de espera.
Me preguntas, aguardar qué, respondo: no lo sé.
Esperar.
En el devenir del viento.
Quizá mañana te escriba de nuevo.


/
Se puede vivir de eso.
Reir y llorar después.
Hablo del tiempo que brota de la tierra.
No me queda aliento.
Es necesario que me abstenga de hablar.


/
Hora horrenda.
Soberbia y horrenda.
Apenas he conseguido no matarme
haciéndome la idea de su muerte.
De su muerte y de su vida.


/
Te encaminas sin atajos hacia la soledad.
Yo no, yo tengo libros


/
La lluvia de los niños está reclinada en el sol.
Con la felicidad.
Fui a ver.
Después hubo que explicarles que era natural. Desde hace siglos.
Porque los niños no comprendían, no podían comprender aún la inteligencia de los Dioses.
Luego fue necesario continuar por el bosque. Y cantar con los adultos, los perros, los gatos.


/
Vaho de vahos.
Todo es vanidad y persecución del viento.
Estas dos frases fundan toda la literatura de la tierra.
Vaho de vahos, es.
Estas dos frases abren el mundo por si solas: las cosas, los vientos, los gritos de los niños, el sol muerto durante esos gritos.
Que el mundo se arroje a su extravío.
Vaho de vahos.
Todo es vanidad y persecución del viento.


/
Llevo una vida mediocre ahora.
Pobre.
Me he vuelto pobre.
Voy a escribir un texto nuevo.
Sin hombre. No habrá nada.
Soy ya casi nada.
No veo nada ya.
Es aún el todo, largo tiempo, antes de la muerte.


/
Puedo recomenzarlo todo.
Desde mañana.
En todo instante.
Recomienzo un libro.
Escribo.
¡Y de pronto allí está!
Yo, el lenguaje, lo conozco.
De eso tengo certezas.


/
Toda una vida he escrito.
Como una imbécil, eso he hecho.
No está mal ser así.
Jamás he sido pretenciosa.
Escribir toda una vida enseña a escribir.
Eso no salva de nada


/
Ven a amarme.
Ven.
Ven a este papel blanco.
Conmigo.

Te otorgo mi piel.
Ven.
De prisa.

Dime adiós.
Es todo.
No sé mas nada de ti.

Me voy con las algas.
Ven conmigo.